El misterio de Jobsville

Agosto 24th, 2009

Gill Bates es un mediocre fotógrafo que vive en Jobsville, Pensilvania, y que se ha tomado la molestia de subir las fotos de su pueblo a una página web.

La página de Gill Bates encierra, en realidad, un secreto que muy pocos conocen: al hacer clic sobre la cúspide de la iglesia en la foto número 167, una pantalla nueva aparece y nos obliga a introducir un nombre de usuario y una contraseña.

Y así se inician los trámites para entrar en Hacker Republic, donde Lisbeth Salander y todos sus amiguitos amantes de los ordenadores se esconden de las leyes y comparten de forma anónima sus secretos.

Hasta ahí todo bien. Eso lo sabe cualquiera que haya leído Millenium.

La cosa es que la página de Gill Bates realmente existe. Y la foto número 167. Y la torre de la iglesia. Y los recuadros donde se debe introducir un LogIn y una contraseña.

No sabéis lo que me duele compartir esto con vosotros. Sólo lo hago porque muy poca gente ha dado con ella. Y yo la descubrí antes.

Disfrutad.

Agosto 17th, 2009

Hay bolsas de plástico que son capaces de llegar muy lejos si, con un poco de suerte, sopla un poco de viento.

A estas alturas de la historia creo que sobra mencionar que efectivamente yo soy una bolsa de plástico.

Una de esas bolsas de plástico que ni siquiera ha conseguido el status de ser Bolsa del Carrefour o Bolsa del Alcampo. Una bolsa pequeña, en la que apenas cabe lo que has ido a comprar, de un blanco casi transparente, endeble, sin ningún tipo de decoración.

Aún así, y siendo lo más bajo en el reino maravilloso de las bolsas de plástico, hay bolsas de las pequeñas blancas endebles que llegan a tocar el mismísimo cielo con las puntas de sus asas.

Yo soy de las que ruedan dando tumbos por las autopistas. De las que te hacen dar un volantazo porque piensas que era un gato pero luego resulta que es una de esas horribles y fastidiosas bolsas de plástico que nadie quiere.

Nunca llegaré a nada porque no soy constante. No soy constante y lo sé muy adentro de mí. Y no quiero rodar por una autopista mañana, y sentirme tan sucia y tan nada que mi mierda me trague y me encierre aún más en este mundo de fantasías ajenas que yo nunca viviré.

Me da asco releer lo que escribo porque siempre termino autocompadeciéndome, y si me autocompadezco me entran ganas de vomitar, y si vomito tengo que lavarme los dientes, porque el sabor de la bilis no es agradable.

Palabras esdrújulas

Agosto 8th, 2009

Hacía mucho tiempo que no me entraban unas ganas tan grandes de dramatizar. Odio dramatizar. Mataría a todas las zorras dramáticas del mundo (donde “zorras” es un calificativo completamente asexuado). Las mataría a todas con una silla de terraza de bar, de las de plástico que cuando se rompen te amputan un miembro.

Creo que soy una psicópata. Ya lo dije ayer, a partir de ahora seré la Zorra Psicópata. Adoro poner motes, igual que adoro buscar parecidos entre las celebridades.

Me encantaría ponerme la mano en la frente y soltar por mi boquita de piñón un montón de frases sin sentido (porque nunca lo tienen, no creáis que por decir gilipolleces esdrújulas estáis transformando en palabras vuestros más fieros sentimientos; siempre son y serán simples gilipolleces esdrújulas), pero es que ni siquiera encuentro el motivo. Aunque eso tampoco me diferenciaría de vosotros, pues todo el mundo sabe que gritáis más de lo que aportáis a las vidas de los demás. Yo por lo menos no hablo, y me ahorro el esfuerzo.

Esdrújula es una palabra esdrújula. Acabo de perder mi credibilidad.

Esdrújula esdrújula esdrújula esdrújula esdrújula esdrújula esdrújula esdrújula esdrújula esdrújula esdrújula esdrújula esdrújula esdrújula esdrújula esdrújula esdrújula esdrújula esdrújula esdrújula esdrújula esdrújula esdrújula esdrújula esdrújula esdrújula esdrújula esdrújula esdrújula esdrújula esdrújula esdrújula esdrújula esdrújula esdrújula esdrújula esdrújula esdrújula esdrújula esdrújula esdrújula esdrújula esdrújula esdrújula esdrújula esdrújula esdrújula esdrújula esdrújula esdrújula esdrújula esdrújula esdrújula esdrújula esdrújula esdrújula esdrújula esdrújula esdrújula esdrújula esdrújula.

Y así, niños y niñas, se dramatiza cuando no se tienen motivos para ello, pero el afán de protagonismo de que alguien nos lea y piense que las estamos pasando canutas (y ya de paso nos comente lo maravillosamente bien que escribimos y expresamos todo lo que nos pasa) se apodera de nosotros.

Julio 28th, 2009

Un día estás actualizando el Tuenti, y al día siguiente has tenido un accidente de coche en Comillas y estás muerta. La gente no debería morirse con catorce años. Las redes sociales no deberían existir. Te mueres y tus amigos dejan en forma de comentario en el tablón que te echarán de menos y que eras una tía genial. Como si siguieras viva. Utilizando los mismos símbolos ridículos, las caritas tristes y las vocales repetidas.

No es justo. No es justo porque Claudia está muerta con catorce años y porque ahora a mi hermana y a todas sus amigas les toca pensar que realmente le puede pasar a cualquiera.

Julio 27th, 2009

Te da rabia que piensen que eres así. Donde así viene a significar algo que han presupuesto ellos mismos. Donde ellos no comprende la típica expresión el resto de la sociedad, en la que puedes sentirte especial y diferente y creer que todos los demás son ovejas que bailan al son de los dictámenes sociales. Todos nosotros tenemos el don de prejuzgar a las personas. Tanto a los que se sienten diferentes y especiales como a los que parecen plena y absolutamente normales.

Está loco. Está chalada. Es una sosa. No tiene sentimientos. Maldita vieja. Niñato malcriado. Estúpida. Atontado.

Ya no abrazas a quien llora. Le lanzas miradas heladas y disparas tus comentarios jocosos.

La piedad se ha divorciado del dolor. Ahora el dolor se alimenta de más dolor, de tal forma que, cuando has caído en desgracia, todas, todas las balas van dirigidas a ti.

Julio 20th, 2009

Hay gente a la que se le olvidan los niños en el coche, y hay a quienes de la noche a la mañana se les olvida que antes de mudarse a un mundo de fantasía había personas que los querían y los necesitaban.

No puedo entender cómo alguien puede olvidarse de algo tan importante y dejarlo encerrado ahí, en el coche, ya sea real o metafórico, esperando pacientemente a que esa maldita persona vuelva y abra la puerta, y, por qué no reconocerlo, deje entrar un poco de aire.

Si quieres matar al niño no le dejes morir lentamente, hirviendo a fuego lento, deshidratado, durante horas. Córtale el cuello e impide un sufrimiento agónico. Y luego vete si quieres.

Julio 4th, 2009

Una vez, hace unos añitos, mi hermana estuvo una semana mosqueada conmigo porque creía que había sido yo quien le había dado un susto de muerte. Dice que se despertó en mitad de la noche, y que me vio en el rellano de la puerta de su cuarto, vestida con un abrigo marrón que tenía por aquella época, con las gafas puestas y mirándola fijamente. Dice que ella me habló, y que, al ver que no le respondía, tuvo miedo y salió corriendo a la habitación de mis padres. Mi madre la instó a que se asomara a mi cuarto para comprobar si yo estaba realmente dormida. Y lo estaba, profunda y absolutamente dormida. Y las gafas estaban en la mesa y el abrigo en el armario.

El caso es que a mi madre le pasó lo mismo hace poco. El contexto es el mismo: yo estoy dormida plácidamente, y alguien me ve merodear por la casa. Luego claro, la pobre vino a ver si me había levantado ya de la cama, y obviamente no.

Da igual que estemos en casa o fuera de ella; el verano pasado mi padre vio a alguien “que se parecía a mí” caminar de noche por el apartamento y perderse de repente en la terraza.

Creo que no me gusta demasiado ser el fantasma de la familia. ¿Será una especie de proyección astral de las que dan miedo, o es sólo que en mi familia somos todos esquizofrénicos?

Julio 1st, 2009

Dejadme en paz de una maldita vez. Todos. Con vuestros consejos baratos basados en vuestras propias experiencias. “Si yo hubiera sabido que…”. Me da igual lo que hicieras con tu vida o lo mucho que te arrepientas de haber o de no haber hecho determinadas cosas. Quiero cometer mis propios errores. Quiero llorar mis propias lágrimas y darme mis propios golpes. Y hacerme brechas de las que pueda aprender. No quiero vivir al son que me marque tu pasado y luego pensar que no hice nada por vivir como yo quise.

Lo cierto es que vuestra mierda me hunde en la miseria. Porque me parecía algo maravilloso el ser dueña de mis pasos y hacer lo que quisiera en todo momento, hasta que vuetro horrible don para hacerme pensar en “lo que la gente normal hace y lo que haces tú” me agarró del pelo y tiró de mí hacia abajo.

Y ya ni siquiera me creo que lo que en un momento hice pensando en el camino que quiero fuera realmente motivado por eso, y no por una falta de ilusión por todo lo que hago. Ya ni siquiera puedo culparos a vosotros, los que criticáis mi forma cobarde de afrontar la vida. Porque sé que el maldito problema lo tengo yo.

Porque me he deshecho de lo que no me gustaba y sigo sintiéndome igual de mal.

Y cada día tengo más ganas de huir, pero no en un plano psicológico de autismo e introspección, que eso me sale ya por las orejas. Quiero huir físicamente.

A Honolulu.

Al Infierno.

Junio 23rd, 2009

La primera vez que hirieron mi sensibilidad tenía ocho o nueve años. Mi vecino Salva tenía una tortuga del tamaño de un plato. Un día la madre de la señora Lucía, una reliquia andante, decidió que quería cogerla, para recordar sus tiempos de reptil primigenio, qué sé yo. Total, que se le cayó por la galería, impactando tras una altura de tres pisos, quedando tirada patas arriba en el suelo del patio. Se le quebró el caparazón. Una grieta considerable por la que salía un montón de sangre. Pero la pobre seguía viva, de forma milagrosa. Salva bajó los tres pisos, la cogió, comprobó cuidadosamente que efectivamente la tortuga no estaba bien, y decidió, para sorpresa nuestra, que lo mejor era meterla en una bolsa de plástico y tirarla a la basura. Mi madre gritó, yo grité, le quitamos la tortuga de las manos y nos la llevamos a casa. La curamos (vivió varios meses en la bañera), y la dejamos en el lugar del que nunca debió salir. Volvió al campo.

La historia termina bien, esta vez. Lo cual no le quita importancia al hecho de que ese señor iba a tirar a la basura a un ser vivo porque consideraba que estaba roto y no valía.

Un animal no se rompe y se tira si no sirve. No puedes meter a un animal vivo en una bolsa de basura y seguir considerándote de este mundo. No tenéis alma.

Volviendo al presente, no es normal que para divertirte en tus horas de trabajo lances un cangrejo a los subnormales de tus amiguitos. No es normal que me lo quites de las manos y lo lances de una patada al otro extremo del mercado. Y no es normal que te justifiques diciendo que “ya volverá” de una patada y que “esto lo hacemos siempre”.

No te rías, que te juro que me han entrado ganas de quitarte los dientes uno a uno con un maldito alicate.

Y sí, es un cangrejo. El motivo de mi autodespido es un crustáceo. Un bicho que iba a morir de todas formas cocido en un cazo. Y que seguramente se preguntaba, si es que los cangrejos se preguntan cosas, el porqué de esa violencia gratuita y desmedida hacia un ser que lo único que hacía era existir. Y si no se lo preguntaba él, lo hago yo.

Nos merecemos la peor de las plagas.

Junio 17th, 2009

Los comentarios vuelven a pasar por mí antes de ser publicados, como es posible que hayáis notado. Últimamente recibía mucho spam de los que anuncian Viagra y me he cansado de tanta mierda. No os lo toméis como algo hostil, es sólo temporal.

Hace unos días decía aquí que necesito creer en algo. Ya no es sólo que necesite saber que hay algo más flotando en el espacio exterior, ya sea E.T. o Dios. Necesito borrarme a mí misma. Borrar toda la mierda que tengo en mi interior. Como cuando formateas el disco duro y el ordenador va como la seda. Deshacerme de todo lo que sólo me sirve de lastre y empezar de cero. Limpiar mi confianza, que está corrompida. Y mi mente, y mis nervios.

Ojalá pudiera. Ahora estoy perdida. Que no condenada. Mi vida está perdida. Al menos de momento. No tengo ni la más remota idea de qué hacer, o de cómo hacerlo.