Hay bolsas de plástico que son capaces de llegar muy lejos si, con un poco de suerte, sopla un poco de viento.
A estas alturas de la historia creo que sobra mencionar que efectivamente yo soy una bolsa de plástico.
Una de esas bolsas de plástico que ni siquiera ha conseguido el status de ser Bolsa del Carrefour o Bolsa del Alcampo. Una bolsa pequeña, en la que apenas cabe lo que has ido a comprar, de un blanco casi transparente, endeble, sin ningún tipo de decoración.
Aún así, y siendo lo más bajo en el reino maravilloso de las bolsas de plástico, hay bolsas de las pequeñas blancas endebles que llegan a tocar el mismísimo cielo con las puntas de sus asas.
Yo soy de las que ruedan dando tumbos por las autopistas. De las que te hacen dar un volantazo porque piensas que era un gato pero luego resulta que es una de esas horribles y fastidiosas bolsas de plástico que nadie quiere.
Nunca llegaré a nada porque no soy constante. No soy constante y lo sé muy adentro de mí. Y no quiero rodar por una autopista mañana, y sentirme tan sucia y tan nada que mi mierda me trague y me encierre aún más en este mundo de fantasías ajenas que yo nunca viviré.
Me da asco releer lo que escribo porque siempre termino autocompadeciéndome, y si me autocompadezco me entran ganas de vomitar, y si vomito tengo que lavarme los dientes, porque el sabor de la bilis no es agradable.
Agosto 17th, 2009 at 20:41
Decir que te da asco releerte porque siempre terminas autocompadeciéndote es en sí mismo un ejercicio de autocompasión, así que ve lavándote los piños.
Agosto 19th, 2009 at 17:10
a donde queres llegar?