Archive for Octubre, 2009

Discípula de Herodes en viaje a Colmenar Viejo

Miércoles, Octubre 28th, 2009

La clase no se acaba. La subnormal ésta es una impresentable. No sé quién se cree que es, la muy imbécil. Llega veinte minutos tarde y para paliar nuestras carencias en Derecho Civil (o su conciencia de mala profesora si es que la tiene) dicta a un modo frenético. No siento el brazo. La dislexia mana a borbotones. No entiendo lo que escribo y me cabreo. Mi mano se mueve sola, dibujando caracteres incomprensibles.

La clase acaba. Es totalmente de noche. No tengo el Abono Transportes, así que me toca ir andando hasta el metro.

En el metro una tía viola mi espacio vital y yo la piso muy disimuladamente pero con una mirada asesina, y por fin se aleja (unos milímetros).

Trasbordo. Me siento y enfrente tengo a una madre y sus dos hijos. Más feos que pegar a un padre en Navidades. Hablando del padre, que está sentado a mi lado. Los niños corren, gritan, chillan. La madre no para de darles juego. Les hace cosquillas y los niños siguen gritando y riendo como posesos. Como posesos horrendos, eso sí. De vez en cuando el padre coge a uno de los niños, lo que hace que mi espacio vital (otra vez) se vea dañado.

Llego a casa (después de desearle la esterilidad a esa amable mujer y a sus hijos una meningitis de las graves), y le cuento a mi padre lo de la entrevista de mañana. Por lo visto no le hace ninguna gracia.

Y yo ya estoy harta. Aunque eso es algo que ya he dicho muchas veces. Nunca estoy lo suficientemente harta como para explotar. Pero sé que un día mataré a alguien. Con un cuchillo muy largo. Y muy afilado. Y sí, podéis tomar esto como una prueba en caso de que el homicidio llegue a producirse. Pero recordad: yo habré estado enajenada. Suelo estarlo.

Como ese título. Parece el título de una película de Almodóvar.

Domingo, Octubre 25th, 2009

“Le hizo más ilusión la explosión que el regalo de cumpleaños”. Una isla que volaba por los aires en un amasijo de piedras y agua. Sus habitantes daban gracias al Cielo mientras manteaban esas piedras perfectamente redondas, fruto de la explosión. No había muerto nadie. Yo no entendía por qué la destrucción de una isla iba a poder gustarme, pero no dije nada.

Luego montaba en bici por la isla. Había calles estrechas imposibles de seguir, puesto que se prolongaban sólo un poco y luego se cortaban con la aparición de un edificio ruinoso. En una de esas veces el dueño de uno de los locales que truncaban las calles me dio permiso para pasar a través de su propiedad. Eso porque no sabía que yo había volado por los aires su isla.

Luego la bici desaparecía y me encontraba en un asador de pollos con mis padres. Compraban comida y luego nos desplazábamos hasta un merendero. El encargado del merendero terminó por freirnos unas patatas decentes y lanzar muy lejos las que habíamos comprado. El hombre era extrañamente parecido a mi abuelo, pero no dije nada.

Y finalmente, aparezco en el instituto. Eso lo achaco a que echo un poco de menos esos tiempos. Pero en el laboratorio de Física está mi profesor de Constitucional II dando una tutoría, y yo, por primera vez en el curso, llego tarde. Da igual, apenas hay seis personas alrededor de una mesa de ocho. Nos pide que para el próximo día tengamos cada uno nuestra propia balanza, ya que necesitaremos medir la Justicia mediante parámetros tangibles. Él nos enseña una plateada, muy bonita, y un poco antigua.

Y todavía me cuesta distinguir sueños y realidad, con lo absurdos que son los primeros…

Resurrección

Sábado, Octubre 24th, 2009

Esta noche he sido secuestrada por un psicópata, y encerrada en una habitación en la que había más gente. No conocía a ninguno de ellos. Todos teníamos un aro metálico alrededor del cuello que enganchaba con una cadena, que a su vez estaba enganchada a un aparato extraño y enorme que estaba adosado a la pared. Frente a nosotros, dentro de unas urnas, estaban las llaves: las llaves que nos liberarían de aquella mordaza siniestra. El problema surgió cuando uno de los prisioneros se dio cuenta de que había más personas que llaves: concretamente, se dio cuenta de que faltaba una llave.

Entonces yo recordaba el principio de la película Saw V, y les decía a todos que todas las llaves abrían las mordazas, y que sólo si nos manteníamos unidos lograríamos escapar.

Todo salió bien. Escapamos. Fin.

¿Por qué tuviste que morir, Stieg Larsson? Tú hubieras hecho una peli mejor, o le hubieras pegado una patada muy fuerte en los testículos a quien ha transformado el mejor libro que he leído en una película sin pies ni cabeza.

Jueves, Octubre 22nd, 2009

A mi obsesiva visión de la muerte se ha unido ahora un complemento que me la hace aún más aterradora. Se trata del conocimiento de que la muerte ha llegado.

Cuántos gladiadores la experimentarían, cuántos soldados, cuántos toros, cuántos niños de tripas abultadas. Cuántos accidentados en carretera, muertos y ya enterrados, habrán visto, como última imagen, ese coche kamikaze que irremediablemente se dirige hacia ellos, sin frenos o inconsciente. O la mediana, o ese muro, cada vez más y más cerca. El volante no gira, o la voluntad se colapsa, porque la muerte dice a gritos que es su turno, que le toca tirar. Ver la muerte. Verla porque está ahí, porque es el final, porque sabes que lo es, y no puedes hacer nada por evitarlo.

Me despierto en mitad de la noche pensando que he perdido la capacidad de respirar, como buena hipocondríaca, y que mi corazón se parará, y que todo se volverá negro, y que luego no habrá nada.

¿Pensáis que hay Cielo? Yo creo que no lo hay. A veces creo en la reencarnación, a veces en las almas errantes, en el hectoplasma y en toda esa mierda que me encanta y de la que se alimenta Iker Jiménez, pero no creo en el Cielo. No me gustaría ir al Cielo. Me gusta demasiado el mundo como para desear un lugar mejor. Quiero ser un fantasma porculero, siempre lo he dicho, y atormentar a los niños y dar palique a los viejos.

No me quiero morir. No comprendo cómo puede haber gente que lo quiera.

En defensa de Zapatero

Jueves, Octubre 15th, 2009

A pesar de ser una votante arrepentida (aunque confesa) del PSOE en las últimas elecciones (para mí las primeras), he de decir que me parece bastante indignante la posición que está tomando la gente con respecto a que, en el famoso encuentro entre nuestro presidente (¡que es el presidente, señores, que no es el frutero de la esquina!) y el señor Obama (el “merecidísimo” premio Nobel de la paz de este año), Rodríguez Zapatero necesitase un traductor para poder entender lo que se le decía. Que sí, que en este mundo de lameculos que suben a un altar todo lo que sea estadounidense (que no americano, por ahí no paso), es de vital importancia dominar el inglés para ser alguien en esta vida. De hecho, aunque no seas un lameculos y no persigas el sueño americano, al final tienes que pasar por el aro si quieres trabajar como camarero o limpiabotas. Válgame, lo orgulloso que se sentiría Podqué no te callas Chávez de esta perorata antiestadounidense.

Pero es que me indigno. No me parece justo que se tome a esta superpotencia económica como el ejemplo no sólo a seguir, sino también a alabar, hasta el punto de que SUS elecciones se vivan a través de los medios de MI país como si fueran nuestras propias elecciones, por ejemplo, cuando allí el pueblo llano (y no tan llano) desconoce por completo datos tan triviales como la situación geográfica de España, que ya no cuestiones de Historia general. Y como eso todo. Del Nobel a Obama prefiero no decir nada. Nada es lo que ha hecho este respetable señor (todo siempre desde el respeto) en pro de la paz. Es más, en vista de lo que los presidentes estadounidenses califican como algo “en pro de la paz”, casi prefiero que se quede haciendo sudokus en su despacho oval.

Al margen de todo esto, a lo que iba: animo a Zapatero a que, por qué no, dé unas clases de inglés, que nunca vienen mal. Y le animo también a que, en su próxima kedada con Obama, no haga uso de ellas y emplee el castellano para comunicarse en público. Al menos hasta que Obama o cualquier otro representante estadounidense, en un viaje a otro país, se dirija a sus interlocutores en el idioma del mismo.

Al menos hasta que aprendan a utilizar la humildad.