Cerebro con fresas
Jueves, Mayo 21st, 2009Sueño con piscinas porque hace calor y en mi cuarto más, como si debajo de mi cama estuviera el Infierno.
Todo es horrible y muy raro. Mi cerebro se recalienta, y cuando me tiro toda la tarde estudiando (que mira que hacía tiempo que no lo hacía tan en serio como ayer) las consecuencias son nefastas.
Necesito una religión que me dé el apoyo moral que tanta falta me hace. Que me explique como a los niños sin voluntad que cuando la gente se muere no deja sin más de existir.
A veces pienso que el ser humano ni siquiera tiene una capacidad decisoria plena. Sólo unos cuantos ostentan el título de “pensadores reales”. Los demás nos dedicamos a copiar las ideas de otros, a hacer libros y ensayos y trabajos y a dedicar nuestras vidas a los pensamientos de otros, porque por nosotros mismos jamás conseguiremos llegar a conclusiones que no hayan sido masticadas y medio digeridas ya por otros.
Qué poco creo en todo últimamente.
Hace calor, y siempre tengo sed. Y la comida no me sabe a nada. Y tengo alergia al polen, y al calor, y a la gente, y más cuando suda. La gente, el polen no suda, que yo sepa.
Mañana voy a comer tirada en el suelo con dos radicales católicos y un chico sin autoestima. Y voy a contarles a todos que me gustan las chicas.
Con lo que he odiado y odio a los que salen del armario cuando a nadie le importa ni viene a cuento, solo por ver la cara que ponen los demás y porque en el fondo desean que todo el mundo les señale con el dedo acusador y les grite que están locos y que deberían arder en la hoguera.
La gente no es tan radical, ni siquiera los radicales católicos. La radicalidad ya no es lo que era.
Mi cerebro se funde como ese chocolate que venden que al calentarlo en el microondas es perfecto para mojar las fresas.
Saldrían unas fresas riquísimas con mi cerebro hoy.
Se aceptan sugerencias y donativos para lo de la adopción de religión, que no se me ha olvidado. Me vale cualquiera que me asegure una vida después de esta.