Archive for Marzo, 2009

Martes, Marzo 31st, 2009

Quisiera ser una persona muy pequeña, pequeñita, pequeñísima. Me lanzaría a los matorrales de flores silvestres que nacen en los descampados y en los rincones olvidados de Madrid, correría entre los dientes de león y me tumbaría a descansar en las amapolas.

Las hojas blandas y suaves de las amapolas. Lánguidas y ojerosas. Siempre me han gustado. Antes he deseado un ramo de amapolas. Pero luego me he imaginado corriendo entre ellas, entre amapolas gigantes, y he desechado la primera idea.

Al principio sabías a hierro. Me encantaba tu boca metálica, nunca te lo he dicho. El sabor fue disipándose al cabo de un tiempo. Los primeros días podría haber jurado que todo había sido un sueño, de no haber sido por el persistente y dulce sabor a hierro, que afloraba en mi mente cada pocos minutos.

Ahora ya no necesito el recordatorio con sabor a metal para saber que estás conmigo, que no te vas a diluir.

Por eso me da igual que se haya ido. Tú estás aquí.

Y te quiero.

Martes, Marzo 24th, 2009

Se sentía frío y pequeño esperando allí. Se sentía miserablemente solo. No importaba. Sus premoniciones, el sueño de las gemelas que se abatía sobre él y luego lo abandonaba dejándolo lleno de presagios… Ésas eran cosas que pasaban junto a él como grandes alas negras. Se notaba su viento indiferente barriendo la calle. Armand se había dirigido, sin Daniel, hacia un destino que éste nunca comprendería del todo.

Lo llenaba de horror, de tristeza. Las puertas cerradas. La ansiedad sublevada por el sueño, mezclada con un monótono pavor vertiginoso. Había llegado al final del camino. ¿Qué haría? Con gran fatiga, se imaginaba la Isla de la Noche cerrada para él. Veía la Villa tras sus muros blancos, encumbrada, dominando la playa, imposible de alcanzar. Imaginaba su pasado desaparecido, junto con su futuro. La muerte era la razón de ser del presente inmediato: definitivamente, no existe nada más. 

La Reina de los Condenados, Anne Rice

Jueves, Marzo 5th, 2009

Me gustaría preguntarle a la ministra de igualdad qué le parece la pena de muerte. Aunque sé qué me respondería. Que no es coherente en pleno siglo XXI, obviamente.

Tenemos un concepto raro de la coherencia en este siglo XXI. Y lo digo porque, mientras por un lado damos cuartelillo a asesinos y maleantes gritando a los cuatro vientos que también tienen derecho a la vida y a segundas oportunidades, por el otro estamos elaborando leyes que potencian la muerte.

Leyes abortivas.

Totalmente inconstitucionales, por cierto.

Replegando

Miércoles, Marzo 4th, 2009

Soy una persona alegre. Habráse visto.

Odiar no es enfermizo. Es sano. Odiar es la terapia más común para paliar males mayores. Igual que despotricar.

Últimamente sueño que odio a mi abuela, y me despierto enfadada con ella por ser tan estúpida.

Es realmente estúpida, deberíais conocerla. Lleva la autocompasión hasta los límites de la dignidad humana, y se sale por los bordes. No sabe ser feliz. No sabe alegrarse de seguir viva, de haber enterrado ya a tres de sus hermanos pequeños. Sólo sabe echar en cara la falta de tiempo dedicada a ella y, sobre todo, a sus absurdas plegarias y lamentos.

Hace unos días me di cuenta de algo: ya no me da miedo morir. Y no sé cómo lo he conseguido, porque llegué a obsesionarme.

Realmente, hay pocas cosas con las que no me obsesione. Es parte de mi personalidad. Soy una maniática del alma, deberíais saberlo.

Esto está decayendo.

Me repliego sobre mí misma, hasta que me cierre por completo como una flor mustia, como una planta, como la pobre y desdichada Lucy, y ya no tenga nada más que decir.