Archive for Noviembre, 2008

Molly

Miércoles, Noviembre 26th, 2008

Molly me suena a muñeca de trapo, tirada en el suelo, triste y muy indefensa. Abandonada y perdida.

Hay una Molly escondida en alguna parte de mi infancia y de mi subconsciente.

¿Os suena esa Molly triste de alguna serie de dibujos de hace unos años?

¿Quién era Molly? ¿Acaso no era nadie? ¿Acaso era… yo?

Domingo, Noviembre 16th, 2008

Qué siglo XXI ni qué progreso. Estamos en la Edad Media. O peor, en la Prehistoria.

No tenéis alma. Eso es lo que os pasa. Que no merecéis vivir, porque no sabéis respetar la vida. ¿Animales? No sois animales, ojalá lo fuérais. Ojalá sólo matárais para alimentaros, ojalá respetárais el concepto de manada de la forma en que ellos lo hacen.

Me avergüenzo de pertenecer a la misma especie que vosotros. Desalmados.

A vosotros os prendería fuego para divertirme, a vosotros os lanzaría dardos para ver cómo se os clavan en la piel, a vosotros os cortaría los testículos y me reiría, y convertiría vuestra muerte, lenta y dolorosa, en patrimonio nacional.

El día que la Humanidad alcance su máximo esplendor será el día en que sepamos vivir sin destruir la vida.

De gritos, mangueras y sangre

Lunes, Noviembre 10th, 2008

Un día, Flanders se volvió loco.

Gritó, gritó, gritó, gritó y gritó.

Gritó todos los gritos que no había gritado a lo largo de su vida.

Y es que como siempre se había tragado los gritos, haciendo siempre lo que consideraba que era correcto y adecuado, el día que los gritos inundaron su cuerpo él salió disparado como cuando abres el grifo y no sujetas la manguera.

Y claro, la gente pensó que se había vuelto loco.

Pero lo que le pasaba es que se había colmado de ira reprimida, hasta el punto de salírsele por cada uno de los poros de su amarilla cara.

Supongo que yo no gritaré. ¿Es posible que sea más correcta que el mismísimo Flanders? Implosionaré y lo llenaré todo de mi propia sangre y mis vísceras.

Despenalización

Viernes, Noviembre 7th, 2008

A veces me gusta hablar de la sociedad. Digo a veces porque cuando quiero tratar sobre estos temas siempre termino especialmente alterada y sintiendo una frustración enorme. Hoy propondré varios ejemplos de por qué me sienta tan mal hablar de ello.

Me sienta mal hablar de la sociedad porque siempre hay alguien que saca a colación el tema de la marginación y la desigualdad. Argumentan que los españoles somos poco tolerantes con los que vienen de fuera, y con los que, estando dentro, son considerados “diferentes”. Sí, señores, somos tan poco tolerantes que si esta gente no tiene casa el Estado no tiene inconveniente en regalarle una. Somos tan desconsiderados que la Ley del Menor no tiene vigencia sobre los niños gitanos que sin reparo y tan amablemente te meten la mano en el bolso. Somos tan desconsiderados que las madres de los niños payos se quedan con un par de narices cuando el colegio les niega la posibilidad de que un autobús recoja a sus hijos y los lleve a casa, mientras les pasan una factura mensual del autobús que se carga de críos en Las Barranquillas. No tenemos corazón cuando les damos a esas madres con velo cheques por valor de cien euros destinados a la compra de material escolar y se los gastan íntegros en ropa para sus maridos, comida y perfumes. No tenemos alma.

Y luego están los que escuchan opiniones como las mías y las tachan de racistas. Sí, hay racismo, claro que lo hay, pero lo hay para los que pagamos impuestos y vivimos como personas. Luego hablan mal sobre la Iglesia o la gente de derechas y piensan que pueden morir a gusto y vivir con la cabeza alta. Faltaría más. Lo que se lleva ahora es estar ciego y no ser consciente de a lo que nos está llevando el ir de hippies comeflores.

Opinad, en serio, hacedlo.

Porque ya no sé si tengo razón o me estoy volviendo una jodida radical. Apolítica, aunque después de esta charla os suene raro.

Miércoles, Noviembre 5th, 2008

“La ventana volvió a cerrarse. Esperaron. De improviso otra voz habló, suave y melodiosa: el sonido mismo era ya un encantamiento. Quienes escuchaban, incautos, aquella voz, rara vez eran capaces de repetir las palabras que habían oído; y si lograban repetirlas, quedaban atónitos, pues parecían tener poco poder. Sólo recordaban, las más de las veces, que escuchar la voz era un verdadero deleite, que todo cuanto decía parecía sabio y razonable, y les despertaba, en instantánea simpatía, el deseo de parecer sabios también ellos. Si otro tomaba la palabra, parecía, por contraste, torpe y grosero; y si contradecía a la voz, los corazones de los que caían bajo el hechizo se encendían de cólera. Para algunos el sortilegio sólo persistía mientras la voz les hablaba a ellos, y cuando se dirigía a algún otro, sonreían como si hubiesen descubierto los trucos de un prestidigitador mientras los demás seguían mirando boquiabiertos. A muchos, el mero sonido bastaba para cautivarlos; y en quienes sucumbían a la voz, el hechizo persistía aun en la distancia, y seguían oyéndola incesantemente, dulce y susurrante y a la vez persuasiva. Pero nadie, sin un esfuerzo de la voluntad y la inteligencia, podía permanecer indiferente, resistirse a las súplicas y las órdenes de aquella voz.”

El Señor de los Anillos

Debemos ser fuertes

Martes, Noviembre 4th, 2008

“Debemos ser fuertes”, reza en una de las columnas de la biblioteca.

Alguien que es capaz de desafiar al Destino con semejante propósito ya es fuerte.

Aunque no sepa que lo es.

Ojalá pueda algún día escribir en la pared con subrayador “debemos ser fuertes”.