Archive for Diciembre, 2007

Frankenstein

Domingo, Diciembre 30th, 2007

He decidido estudiar. Me he sentado en la mesa, con el Libro Gordo de Petete delante, y entonces he reparado en los folios en blanco que había debajo. He apartado el libro (no sin esfuerzo), y los he mirado. Blancos, impolutos, gritándome que los despojara de su pureza. He pensado en el diario y en el cuadernillo de torturas y poemas, pero ahí estaban ellos, reluciendo, pidiéndome por favor que no los malgastara en aburridos apuntes. He cogido un boli y me he puesto a escribir, desvirgando al primer folio. No era muy consciente de lo que escribía, no lo he pensado demasiado. Salían cosas de mí en las que nunca antes había reparado. No sé cómo se llama cuando escribes lo que sientes sin pensar y sin sentido, lo primero que se te pasa por la cabeza (¿escritura libre?), pero ha sido algo así. Debería hacerlo más a menudo, así tal vez llegue a conocerme algún día, tal vez algún día sepa qué coño me pasa, cuándo pasó (si pasó), y si terminará. Sólo así podré empezar a confiar en los demás.

Balance

Sábado, Diciembre 29th, 2007

1 + (-1) = 0

Ése es mi balance de fin de año.

Perdedora, más que perdedora.

Destello

Jueves, Diciembre 27th, 2007

Antes, cuando estaba a punto de meterme en la bañera, me he mirado un momento al espejo. Algo resplandecía en mi pelo. Una fina hebra de plata. Imponiendo su brillo sobre todos los demás. Destacando. Una cana.

Me he acordado de Érzsebeth Báthory al reprimir el impulso de salir corriendo a taparla con tinte negro. Y he entendido por qué eso supone para algunas personas motivo de depresión.

Acabo de cumplir dieciocho y ya tengo una cana. Al menos una.

Voy a pique.

Luego mi cabello entero se teñirá de blanco, mi piel se derretirá como la cera, mis articulaciones empezarán a fallar y nadie querrá desabrocharme el sujetador. Me pasaré el resto de mi vida lloriqueando como una vieja y suspirando por lo que antes era. Esperando que me consuma del todo, como una vela, sabiendo que mi llama cada vez tiene menos fuerza.

No entiendo qué sentido tiene vivir, si nos quitan de un plumazo la miel de los labios justo cuando empezábamos a saborearla…

Siempre solos

Viernes, Diciembre 21st, 2007

Ya desde pequeñitos, cuando nos llevan al parque o empezamos a ir a la guardería, tratamos de conocer a otros niños para no jugar solos. Sí, puedes columpiarte tú solit@ y ser feliz, pero cuando ves que todos los demás niños se han agrupado y se lo pasan genial, intentas acercarte a ellos con la táctica habitual: poner cara de tristeza y voz de personita desvalida para que la/el líder del grupo se conmueva y te deje participar. Entonces descubres de qué va esa mierda de la “sociedad”.

Crecemos y descubrimos la amistad (los amiguitos que se tienen con tres años duran un suspiro en la mayoría de los casos). Conocemos a una persona más o menos como nosotros, con la que compartimos cosas y empezamos a descubrir poco a poco las verdades del mundo. Creemos que es nuestr@ mejor amig@, nos juramos lealtad y amistad eternas, nos decimos chorradas tales como que algún día compartiremos piso, hasta que un día algo se tuerce: nuestr@ fiel amig@ liga y nosotros nos vamos a tomar por saco.

Luego ligaremos nosotros, conoceremos al amor de nuestra vida, y se esfumará tan rápido como el amigo de turno.

Pelearemos con la familia, el resto de amigos se comerán unos a otros, los vecinos nos mirarán mal y terminaremos solos.

Porque, al fin y al cabo, siempre estuvimos solos. El día que decidimos ir a jugar con los demás en el parque fue solo el comienzo de nuestra lucha por no estar solos. Pero nadie se queda hasta el final. Nadie cumple sus promesas. Nadie, ni amigos, ni amores, ni siquiera la familia. La sociedad está mal planteada. La gente no hará nada por ti. Puede que seas muy feliz y lo tengas todo, pero puede irse con la misma facilidad con que vino.

La vida es una mierda y nosotros, por muy sociables que seamos, por muy enamorados que estemos, por muy bien que nos llevemos con todos, siempre estamos solos.

Lunes, Diciembre 17th, 2007

Quiero vivir en el planeta de las camas.

Prohibida la ropa, prohibido llorar.

Quiero vivir entre sábanas de seda.

Prohibido el bullicio, prohibido pensar.

Quiero perder la cabeza.

Prohibida la entrada a todos los demás.

Quiero perderme contigo

en el mar de las sábanas blancas.

El Tiempo no existe allá.

 

Te amo.

Excesos

Lunes, Diciembre 10th, 2007

Dicen que abusar de algo siempre provoca, a la larga, adicción. Ya sean drogas, sexo o máquinas tragaperras. Que lo que en un principio podría hacerse para salir de la rutina puede tornarse en vicio de no ser consciente. Y caer en ello sería el comienzo de una espiral sin retorno aparente.

Es lógica la búsqueda de un salvoconducto que haga que la vida no sea tan densa e insufrible como se nos presenta. Podemos encontrarlo de muchas formas. Y ésto no es necesariamente peligroso si se toma como lo que es, un paréntesis, y no la vida entera.

El problema está cuando nuestro mundo empieza a orbitar en torno a este nuevo descubrimiento, este yacimiento de felicidad en pequeñas cápsulas, y comenzamos a hacer de él todo por lo que vivimos.

Y más aún, el problema dentro del problema: cuando ya no nos sacian las cantidades iniciales, y aumentamos la dosis.

Da igual el contenido de esas cápsulas: el efecto, sin duda devastador, es el mismo en todos los casos.

Y entonces, sin poder dar marcha atrás, en un camino de una dirección, nos dirigimos sin más opción a nuestro mísero destino.

Aunque, visto desde otra perspectiva, ¿acaso importan los vicios, acaso nos salvaremos de nuestro sino, que es la Muerte, si los evitamos? Sólo lo hará de una muerte prematura, y la vida será insustancial, ya que luchar contra los vicios es luchar contra nuestra propia naturaleza.