El autobús está hasta las narices de gente, pero a pesar de todo logro hacerme con un sitio al lado de la ventanilla.
Suena Idiota, de Nena Daconte. Últimamente la escucho demasiado.
Miro a través del cristal.
Hay gente saliendo del metro, gente bajando de coches, gente conduciéndolos, gente cogiendo el autobús, gente mirando el reloj, gente estresada, gente fumando, gente riendo y hablando, gente esperando; gente por todos lados.
Gente, gente y más gente.
Y de repente y sin venir a cuento recuerdo de nuevo la conversación del otro día, cuando hablábamos del amor y las almas gemelas.
Y pienso que sería prácticamente imposible que, de todas las personas que pululan por el mundo, pudieras llegar a encontrar realmente a la que te complementa.
Como buscar una aguja en un pajar.
Como recibir un mensaje dentro de una botella lanzada al mar.
Luego me acuerdo de algo que leí en el periódico una vez: unos cuantos científicos desengañados con el amor, tras arduas investigaciones, llegaron a la conclusión de que las historias de hadas no son más que producto de reacciones químicas y hormonales, que la atracción y el enamoramiento es sólo cerebral, sólo un fraude; como un espejismo en el desierto.
Y luego están quienes dicen que el destino no existe.
Total, que puede que estés saliendo con alguien que no te corresponda porque sea la media naranja de otra persona; que no tengas por qué desgarrarte el corazón (metafóricamente) cuando hables de amor, puesto que es algo que tiene que ver con la cantidad que haya de una determinada sustancia química en tu organismo que te hace ver florecillas y pajaritos; o puede ser que un día tropezaras y te dieras de morros (literalmente) con una persona que en otro momento ni te iba ni te venía pero que después podría significar algo para ti.
Lo de las almas gemelas me parece una jodienda enorme, porque sencillamente no me creo que haya en el mundo alguien con el mismo grado de gilipollez que yo (o, en el caso de que lo haya, que no se haya suicidado ya. No me mires mal, tú eres lista ¬¬). Lo de que el amor es cosa de sustancias químicas no me lo trago; supongo que los cerebritos que lo estudiaron no sabían demasiado acerca del sujeto a estudiar.
Y en cuanto al destino… soy de esas personas que opinan que todo pasa por algo (menos que te caiga una viga de cuatro toneladas en la cabeza).