“Érase una vez una pequeña bollera. Tenía una novia maravillosa y una familia y amigos que la querían. Todo era felicidad y amor. Pero nuestra joven amiga tenía una mancha oscura en su historial: sus padres no sabían que era lesbiana. Un buen día descubrieron que estaba con alguien, y ella, para evitar una catástrofe de dimensiones considerables, les dijo que se trataba de un chaval muy majo llamado Jesús. Sí, la pobre no tenía mucha imaginación… El caso es que sus padres se pusieron muy contentos (más que nada porque desde que su hijita estaba con alguien no tenía episodios homicidas/depresivos), y empezaron a querer al chico ficticio cuando su bella y atractiva hijita trajo a casa un conejo que le había regalado su novia cuando hicieron un mes.
A partir de ese momento la vida familiar de nuestra protagonista se convirtió en una farsa. Cada vez que salía con su novia tenía que inventarse una excusa; mintió a sus padres, a sus tíos y hasta a su abuelita. Pero todo era mejor que la otra opción: contárselo a sus padres.
Un día, la pobre descubrió que si no hacía algo cuanto antes su personalidad iba a adquirir un tono bipolar, ya que tenía que meterse mucho en el papel de novia de un tío llamado Jesús para que se lo creyeran sus padres, y a la vez coordinarlo con su vida real. Sabía que si no hacía algo se volvería loca”.
Sólo espero no volverme loca. Ojalá encuentre el camino adecuado, y sepa cómo actuar de una vez. Joder, es que son mis padres, y me da pena no poder compartir mis cosas con ellos, pero por otro lado sé que ya nada va a ser igual con ellos (y también que mi abuelita no lo va a encajar del todo bien).
Puede que ni siquiera les afecte y me esté ahogando en un vaso de agua… pero puede que la cague y me arrepienta durante el resto de mi vida.
Qué difícil es ser legal. Con lo sencillo que sería no tener estos dilemas existenciales y simplemente seguir con las mentiras como si no pasara nada.
¿Lo último que he oído decir a mi padre antes de irse? “Yo confío en mi hija”. Me parte el corazón…